Autocuidado y salud mental en la defensa de las libertades
Publicado 15 abr 2026 El tiempo de lectura 3 minutos Sdílet: Sdílet článekEl trabajo de defensa de los derechos humanos y las libertades implica un fuerte compromiso social, pero también conlleva desafíos emocionales y psicológicos para quienes lo realizan.

Activistas y personas defensoras suelen enfrentarse a contextos complejos, problemáticas sociales profundas y situaciones de presión que pueden afectar su bienestar a mediano y largo plazo. En este contexto, el autocuidado y la salud mental se convierten en elementos fundamentales para la sostenibilidad del activismo.
Integrantes de Iniciativa Puentes por los Estudiantes de Nicaragua (IPEN) destacan la necesidad de reconocer que quienes defienden derechos también necesitan espacios de cuidado y protección. Marco Aurelio Peña plantea esta reflexión de forma directa:
“Siempre me he preguntado quién defiende a los defensores. Me refiero a cuidar sus derechos humanos y sus libertades fundamentales. Por tanto, la salud mental es de primer orden; las personas que se dedican a la defensoría, la promoción y el activismo deben de cuidar y defender, por así decirlo, su propia salud mental”.
El impacto emocional del activismo en la defensa de derechos
Las experiencias de activismo suelen implicar exposición constante a situaciones de injusticia, violencia o vulneración de derechos. Según explica Elthon Rivera Cruz, este tipo de trabajo puede tener efectos importantes en el bienestar emocional de quienes lo realizan:
“Las cosas con las que trabajan los activistas, los problemas que atienden en sus comunidades o a nivel regional son problemas muy fuertes que terminan afectando a mediano y largo plazo su propio bienestar emocional”.
Rivera también señala que la falta de espacios de cuidado puede provocar agotamiento o incluso la salida de personas comprometidas con estos procesos:
“Evita que haya una deserción del trabajo que se está realizando o que lleguen a terminar siendo víctimas del estrés o de la sobrecarga laboral que implica estar trabajando con estas problemáticas”.
Frente a estos desafíos, las organizaciones juveniles han comenzado a incorporar prácticas de autocuidado colectivo como parte de su fortalecimiento interno que cumplen un papel clave en la sostenibilidad del trabajo organizativo:
“Espacios de recreación, de autocuidado son esenciales para sostenernos colectivamente, para hablar de nuestras heridas, para empatizar, para validar las experiencias y de esta forma poder seguir realizando nuestra labor en la defensoría de derechos”. Mayling Cortez
Desde una perspectiva personal, Arlen Padilla también resalta cómo estas prácticas permiten reconocer la importancia del bienestar individual dentro del trabajo colectivo:
“Desde mi experiencia personal, puedo decir que los espacios de autocuidado son esenciales y han sido estos espacios de autocuidado los que me han permitido ser consciente de que también necesito mi espacio, de que también necesito cuidarme para poder cuidar a otras personas”.
Estas reflexiones ponen de relieve el cuidado de la salud mental como parte integral de la defensa de los derechos humanos, un aspecto cada vez más relevante dentro de los movimientos sociales. Promover espacios de acompañamiento, descanso y escucha dentro de las organizaciones no solo fortalece a las personas activistas, sino que también contribuye a la continuidad y sostenibilidad de las iniciativas que buscan generar cambios sociales para garantizar nuestras libertades.